Cain And Abel Brothers
life:

It’s the birthday girl! Marilyn Monroe poses for LIFE’s J.R. Eyerman in 1947.
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avengers…

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Avengers, vocación por la aventura y contenido

Cada cierto tiempo podemos ver alguna película que nos plantea no solo un despliegue de aventura, sino que intenta dar algún contenido. Recordemos que Avengers proviene del cómic, y como la mayoría de las historias de este arte contienen mucho más de lo que muestran.

Avengers es un artefacto perfectamente construido.

Primero cuenta con un libreto bien trabajado que le saca partido a la idea original de Stan Lee. El libreto parte por plantear el regreso de los dictadores mesiánicos que aspiran al poder absoluto. Desde este punto se disparan ciertas líneas, por un lado la manipulación que hace el dictador mesiánico del discurso y en específico de la libertad, siempre manipulando el concepto a favor de su conveniencia; otra línea es la respuesta preventiva, los poderes que buscan mantener el statu quo, donde surge la pregunta de si lo que busca tal poder es defender el mundo conocido o mantener su posición de poder; otra línea es la conspirativa, cuál es el poder tras el poder, quién es el verdadero poder que mantiene marionetas a su arbitrio. Las respuestas no son tan abiertas ni tan obvias como parecen, y quedan en realidad en manos del espectador.

En segundo aspecto lo formal, la acción pura con escenas basadas en efectos especiales en su justa medida. El avance tecnológico ha permitido que la imaginería más extrema hoy pueda ser reproducida con lujo de detalles, pero he aquí donde la mano debe ser medida para no agotar la historia bajo el recurso y más bien poner el recurso al servicio de la historia, y Avengers lo logra.

Otro aspecto es el ritmo y duración, Avengers mantiene el ritmo de narración pese a uno o dos baches, los cuales subsana limpiamente, por lo cual si bien podría tener uno 10 minutos menos, se perdonan completamente en pos de la continuidad general de la historia.

Otro aspecto del guión y que resalta la alta calidad del mismo es que explota las características de los personajes.

En esta versión de Avengers se presenta al Dr. Banner como un timorato paranóico preocupado de no dejar salir a Hulk, pero por fin cuando aparece, se agradece, se agradece ver a un Hulk desatado y aplastando todo lo que se le atraviese, incluso un dios (o dos), tal vez la mejor parte. Se agradece porque las dos versiones anteriores de Hulk cometen el error de contener al personaje, en la primera se puso el acento en el aspecto personal y en la segunda si bien se le permite mayor libertad en su furia, pero esta se limita a los minutos finales y siempre contenida físicamente por la mujer que ama a Banner.

Iron Man ya nos ha acostumbrado por una lado a la eficiencia, la materialidad y la pirotecnia de la tecnología, la presenta como un ejercicio holográfico y táctil simple (ojalá la ingeniería fuese así en la realidad), pero también nos ha acostumbrado a la pedantería e ironía desbordada del personaje, rasgos que no solo se esperan sino que incluso se respetan.

Thor pone la moralidad del aprendizaje ya desarrollada en su película, un dios que descubre en la humildad y la vida diaria la mayor fuerza del universo, la cual no reside en un martillo o en la capacidad para levantarlo.

El Capitán América es lo que es, el símbolo yanqui que representa los valores de un país, el héroe que viene del primer mundo a liberarnos y defendernos del mal. Pero noto en esta versión cierta duda, el soldado que busca su lugar en un mundo nuevo, un mundo que ha sido afectado notoriamente por los repetidos errores y daños que esa política y valores patrióticos han producido en el mundo. El Capitán entiende que nada ha cambiado mientras no cambie la naturaleza humana.

En resumen, Avengers es una disquisición sobre la continua vuelta de los dictadores mesiánicos con discursos de libertad. Sobre el oscurantismo del poder tras el poder, sobre las marionetas. Sobre como el poder estúpidamente pretende controlar las fuerzas de la naturaleza.

Avengers es sobre cómo los freaks y disfuncionales pueden tal vez ser los únicos capaces de traer normalidad y cordura a la naturaleza humana.

Punto a parte el cameo y chiste de Stan Lee… “Superheroes? In New York? Give me a break!”… gracias Stan!

Baxter, el mimo

Baxter, el mimo

Tren de los Sueños

Tren de los Sueños

Violeta, se fue a los cielos. Violeta quedó en el suelo.

Una pupila y un iris a pantalla completa. Inmediatamente se viene a la memoria el ojo en “El Perro Andaluz” de Luis Buñuel y el detector en “Bladerunner” de Ridley Scott. Ya me hizo dudar.

Pasamos a la ahora tan típica cámara en movimiento, nunca quieta, siguiendo a la par, primero los pasos pesados, torpes y decididos de Violeta en un bosque para luego entrar al plano abierto, un caminar incesante, una búsqueda incesante, marcando con esta escena el resto de la película, un resumen de la misma.

Una pequeña Violeta dará luz a lo que veremos a lo largo de la película, muda aparentemente incapaz de expresarse pero clara en su amor, un amor infantil, de todo o nada.

De cierta forma queda en la anécdota el trabajo a pulso de recopilación que hizo Violeta (su primer aporte al folclor nacional y continuado por Margot Loyola), queda en la anécdota su obra musical como aporte a la música popular (un paso adelante casi descartado por el director y el más importante en la obra de Violeta, su aporte en términos de agregar contenido filosófico e incluso metafísico a las canciones a través de palabras, versos y la métrica popular), queda en la curiosidad la forma en que llega a exponer sus arpilleras en el Louvre, queda de manifiesto panfletario su militancia comunista.

¿Algo nuevo a descubrir? Como diría un amigo mío: “y loca”. Y sí, loca, pero no de esa locura patológica, clínica. Más bien de la locura que lleva a ciertas personas a la búsqueda incansable y desbocada, y en algunos casos, sin sentido identificable por el rastreador. ¿Qué queda entonces?: una Violeta víctima de sí misma, víctima de su pasión por su propio arte, una mujer que erróneamente se siente incapaz de transmitir, en sus propias palabras, “la vida”. La evidencia demuestra todo lo contrario.

Su amor infantil, incontrolable, la lleva al desenlace fatal que todos conocemos. Pero no fue solo su amor, sino que también su propia incapacidad de expresarlo maduramente, inmadura en esencia. En la película su madre sólo aparece en un par de escenas, en una de ellas aparece sentada trabajando y no dice una solo palabra, silencio otra vez, silencio siempre, incapacidad de comunicarse. Y Violeta lanzada a la vida para ganarse el pan junto a una guitarra y a sus hermanos.

Lo bueno: un fresco sobre la dimensión humana de Violeta Parra y algunas claves para entender su obra. Pero entendamos algo, es la interpretación audiovisual de Andrés Wood sobre un guión trabajado junto a Angel Parra, sobre la interpretación de Angel Parra sobre la vida de su madre. No esperen ver la realidad de Violeta Parra, sino que un pálido reflejo de la realidad que le tocó vivir y construir a través de los ojos de su hijo, a través de los ojos del director. Ni tan bueno ni tan malo.

Lo malo: demasiado larga para lo que quiere decir y contar, lo que la convierte en otra película de Andrés Wood (lo mismo pasó con Machuca, la cual con quince minutos y hasta media hora menos sería excelente, mal endémico del cine chileno, la falta de síntesis, principio fundamental del cine en sí). La pretensión artística y los guiños metafísicos con el plano detalle inicial y final del iris y pupila a pantalla completa.

Puerta de La Boca (Bs Aires dic 2011)

Puerta de La Boca (Bs Aires dic 2011)

Puerta de La Boca (Buenos Aires dic 2011)

Puerta de La Boca (Buenos Aires dic 2011)