
Después de El Señor de los Anillos las expectativas son altas para “El Hobbit”, eso sólo si has visto las películas y no has leído los libros.
El Hobbit es la menor de las historias de Tolkien y fue concebida como un divertimento para los nietos del nobel filólogo, es en esencia una historia para niños, pero en ella atisba su universo y da pie para la piedra angular. Su basto conocimiento de la mitología anglosajona le permitió hacer una historia que luego amplió en sus elementos en “El Señor de los Anillos”, siendo ésta última su tesis sobre el bien y el mal. Como gran fanático de las historias, se da a la tarea de escribir “El Simarilion”, su tesis sobre el génesis, el cual se puede ubicar a la altura de cualquiera de los libros sobre la creación que recorren las distintas culturas.
“El Hobbit” de Jackson hacía esperar una gran historia, pero respetando un hecho sustancial, la historia no resiste un metraje excesivamente extenso.
Jackson logra reproducir en su Hobbit los mismos elementos de arte de “El Señor de los Anillos”, pero comete el error garrafal de suponer que la paciencia no se agota. El Hobbit se extiende por tres horas en las cuales avanzamos fácilmente dos tercios de la aventura.
¿Qué puedes hacer entonces para sostener un proyecto de tres largos?, rellenar sin vergüenza. Primero hacer una introducción útil pero completamente prescindible, de hecho Tolkien no hace relato alguno para contextualizar su Hobbit; segundo, apelar al heroísmo de un pueblo caído, reproducirlo en la figura de un rey enano errante, Thorin (¿les suena conocido?, ¿una figura similar a Trancos/Aragorn?); tercero, colocar un conflicto entre el rey enano y un malvado orco albino vencido en batalla, Azog (personaje inexistente en el libro).
Punto aparte es el horrible tratamiento que le da Jackson a Radagast el pardo, uno de los maiar, enviado por Eru, junto a los otros istari, a proteger la Tierra Media. Se le muestra como un tipo bordeando la locura, casi ridículo, muy lejano de la imagen que da el libro sobre el venerable anciano que protege los antiguos bosques.
Se respetó las líneas de Tolkien en gran parte del relato, pero el centro argumental se diluye y aleja demasiado de Bilbo Bolsón, el original protagonista de “El Hobbit” para acercarse a la figura de Thorin. Se aleja tanto que se corre peligrosamente el riesgo de perder al verdadero protagonista de la historia, aquel que nos da el gran mensaje.
No esperen recordar nombres particulares de los nuevos personajes, porque pese a estar bien construidos, no son lo suficientemente atrayentes para sostenerlos en la memoria.
No obstante lo dicho, un viaje, una aventura, nos cambia a todos; nunca volveremos a ver el mundo de la misma forma. Tolkien lo sostuvo, Jackson lo respeta.







